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Artist
¡Qué bendición que exista el rock! ¿Qué haríamos sino con nuestras vidas? Los chicos que se levantan el sábado temprano y toman la leche con su seres queridos, escuchan la radio y conversan, se duchan cantando Susie-Q o Johnny B Goode, en las afueras de la ciudad, donde las fábricas se entremezclan con los jardines de las casas, se secan tarareando con una toalla blanca, se calzan los levis y las zapatillas de lona rojas, guardan celosamente los instrumentos en sus fundas y en una bolsa resistente la armónica, el xilófono y las maracas que hiciera imprescindibles para el rock & roll el percusionista de Bo Diddley, Jerome Green, al punto dar con el sonido característico para una edad dorada de los Rolling Stones. Van a tocar el sábado a la tarde para los amigos y fans, de entrecasa, a recrear el mito del eterno retorno, la ceremonia satánico-operística que tan bien intuyera Screamin’ Jay Hawkins. Es un regalo de los chicos que van a la panadería y también a la verdulería con un andar acompasado y una cadencia rítmica distintiva que no perciben los vecinos que los vieron jugar en la vereda y crecer hasta llegar a ser artistas de la música rock, que existe para hacer algo con nuestras vidas, para levantarnos temprano, con la música en la cabeza, la leche, la ducha, disfrazados de Ziggy Stardust para repetir su hazaña, el ascenso y la caída, en los minutos que duran los 30 litros de agua caliente del termotanque. Miembros: Lionel Farji (batería) Ángel Del Re (guitarras y coros)